El tema de sus obras constituye un problema para los artistas, porque la hipocresía de las sociedades
no tolera el libre examen y penaliza rigurosamente el tratamiento público de asuntos públicos. En nuestro
tiempo las prohibiciones disminuyen, pero no terminan. La lista de autores condenados por sus libros resulta
demasiado larga y ominosa para vergüenza de la humanidad. Vergüenza es un decir. Con una vergüenza se
tapa otra.
Frecuentemente las artes se ven afectadas por alguna censura, en especial la poesía. A ningún artista
se le prohíben los temas tanto como al poeta. ¿Por qué? ¿Quiénes lo hacen? La censura manifiesta el temor
a la poesía atacando al poeta, cerrándole el paso. En efecto, para empezar se le presenta la siguiente lista
restrictiva:
1. No escribir poemas de amor, porque el tema está agotado y el amor también.
2. No escribir sobre la muerte, porque es de mal agüero y el tema lo gastaron los pseudo–románticos.
3. No escribir sobre la infancia y la familia, por considerarlo asunto trillado, nostálgico, común y poco
relevante.
4. No escribir sobre política y sociedad porque resulta de mal gusto y el tema está desactualizado.
5. No escribir sobre cuestiones locales y del campo porque la naturaleza es anacrónica y se está acabando.
6. No tratar asuntos literarios, lo que se considera vicioso, reiterativo y repugnante.
7. No escribir sobre su ciudad porque es algo monótono, de lo que todo el mundo está cansado.
8. No escribir sobre bajos fondos y violencia porque eso fomenta la criminalidad y es un asunto demasiado plebeyo.
9. No escribir sobre sí mismo porque a nadie le interesa.
10. No escribir sobre otras personas, ni aun indirectamente, porque puede ser peligroso.
11. No escribir sobre temas exóticos porque en general se desconocen y no vienen al caso. Es
extranjerizante.
12. No escribir sobre temas religiosos porque el mundo contemporáneo es ateo y hedonista.
13. No escribir sobre asuntos de actualidad porque la actualidad es indigna del poema.
14. No escribir sobre temas eternos porque resulta vano y presuntuoso.
15. No escribir sobre sentimientos y recuerdos, lo que se considera cursi y ridículo.
16. No escribir sobre el futuro porque se desconoce.
17. No escribir sobre temas de la naturaleza. Es ingenuo y decorativo.
18. No ocuparse de sucesos históricos. Eso es crónica, anécdota, prosaísmo, algo caduco e inconducente.
19. No escribir poemas filosóficos porque la filosofía no es propia del poema.
20. Que no se escriba verso rimado porque la métrica ya caducó, y que tampoco se escriba verso libre
porque eso no es poesía.
21. Que la poesía no diga nada en esencia, sino que se limite a sugerir. Sin ideas será menos peligrosa.
En fin, la lista de prohibiciones es demasiado larga para transcribirla en su totalidad. De ese modo se
intenta reducir el campo del poeta y sólo queda campeando la teoría sobre el vacío necesario para preservar
la inocencia del mundo.
Pues bien: sobre lo que hay que escribir es precisamente sobre todas las cosas prohibidas y del modo
prohibido. Y escribir con claridad y contundencia, no tímidamente con medias palabras. La poesía no consiste
en ocultar, sino en descubrir. Es revelación o no es nada. No hay tesoros ocultos en poesía. Ya los ladrones
los saquearon todos. Incluyendo a don Luis de Góngora.
Jaime Jaramillo