sábado, 8 de diciembre de 2012

Colonización













 No me habito
el resto de los hombres lo hacen
sigilosos
abrieron surcos en mis venas
sus pensamientos calaron en mis huesos

Soy un extranjero

Gemelas

La vida
     y
la muerte

son dos almas separadas

una aguarda por la otra
Nido
Me hallo en ti


Bibliografía y Metáforas indígenas enviadas por antropóloga Luisa Camacho

Estimados Talleristas

            Para aquellos que no les llego el correo les dejo los link para descargar los textos enviados por la Antropóloga Luisa Camacho.

https://www.box.com/s/mvkthl4rdnr5kv6rjhr6

https://www.box.com/s/akaqd6yy6bs6esdrg7y5

Saludos.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Poemas de Hanni Ossott

Estimados talleristas

         Aquí les dejo los textos de Hanni Ossott enviados por Belén para los que no los tienen. Saludos y feliz comienzo de semana.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Aforismos de Alda Merini

La poesía es una cosecha tan gcil
que se esfuma ante el primer estornudo.

*

Los poetas cantan
de aquellos que los necesitan
pero no los salvan jamás...

*

El prodigio de la muerte
es el arte de no saber esperar
en eterno.

*

Yo amo
lo que no se dice.

*

Hay noches
que nunca acontecen.

*

La vida me gusta
a pedazos.

*


Mi casa
no es un punto estable
sino un refugio
que se tambalea.
 

*

La sencillez
es desnudarse
ante los otros.


*

El teatro más hermoso
de mirar
es el propio destino.

*


Soy la mujer más casta
de la literatura italiana.



Poemas de Alda Merini
"Un alma indócil" 
(1996)
Aforismos


Ediciones Angria 2000
Edición bilingüe/ Presentación y versión de Gina Alessandra Saraceni

Texto de Federico García Lorca

Estimados talleristas,

Para aquellos a los que no les llego el correo de Falia con el texto de Federico García Lorca aqui les dejo el link para la descarga:


Saludos!

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Derrota


Rafael Cadenas, 1963 (*)

Yo que no he tenido nunca un oficio 
que ante todo competidor me he sentido débil
 
que perdí los mejores títulos para la vida
 
que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución)
 
que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos
 
que me arrimo a las paredes para no caer del todo
 
que soy objeto de risa para mí mismo que creí
 
que mi padre era eterno
 
que he sido humillado por profesores de literatura
 
que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada
 
que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida
 
que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo
 
que tengo vergüenza por actos que no he cometido
 
que poco me ha faltado para echar a correr por la calle
 
que he perdido un centro que nunca tuve
 
que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo
 
que no encontraré nunca quién me soporte
 
que fui preterido en aras de personas más miserables que yo
 
que seguiré toda la vida así y que el año entrante seré muchas veces más burlado en mi ridícula ambición
 
que estoy cansado de recibir consejos de otros más aletargados que yo («Ud. es muy quedado, avíspese, despierte»)
 
que nunca podré viajar a la India
 
que he recibido favores sin dar nada en cambio
 
que ando por la ciudad de un lado a otro como una pluma
 
que me dejo llevar por los otros
 
que no tengo personalidad ni quiero tenerla
 
que todo el día tapo mi rebelión
 
que no me he ido a las guerrillas
 
que no he hecho nada por mi pueblo
 
que no soy de las FALN y me desespero por todas estas cosas y por otras cuya enumeración sería interminable
 
que no puedo salir de mi prisión
 
que he sido dado de baja en todas partes por inútil
 
que en realidad no he podido casarme ni ir a París ni tener un día sereno
 
que me niego a reconocer los hechos
 
que siempre babeo sobre mi historia
 
que soy imbécil y más que imbécil de nacimiento
 
que perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo
 
que no lloro cuando siento deseos de hacerlo
 
que llego tarde a todo
 
que he sido arruinado por tantas marchas y contramarchas
 
que ansío la inmovilidad perfecta y la prisa impecable
 
que no soy lo que soy ni lo que no soy
 
que a pesar de todo tengo un orgullo satánico aunque a ciertas horas haya sido humilde hasta igualarme a las piedras
 
que he vivido quince años en el mismo círculo
 
que me creí predestinado para algo fuera de lo común y nada he logrado
 
que nunca usaré corbata
 
que no encuentro mi cuerpo
 
que he percibido por relámpagos mi falsedad y no he podido derribarme, barrer todo y crear de mi indolencia, mi
 
flotación, mi extravío una frescura nueva, y obstinadamente me suicido al alcance de la mano
 
me levantaré del suelo más ridículo todavía para seguir burlándome de los otros y de mí hasta el día del juicio final.

Hiroshima



                                                                            “Now i´m become death,
                                                                              the destroyer of worlds”
                                                                                        R. Oppenheimer
                                  

Parecía que el mundo
se detenía mientras caía del cielo.

Ojos curiosos
alzaban la vista  y contemplaban ingenuos.
                                                                 
Esperando

- tal como nosotros nos cansamos de esperar-

Un manifiesto.
Una respuesta.
Un significado.
Una revelación.

¿Era una joya acaso
  que les enviaba la amada diosa del cielo?

No.



¿Era un lucero acaso
que bajaba a la isla;
un nuevo sol naciente?

No estaban tan lejos de la verdad.
El silencio no duró mucho más tiempo.

El sol estalló en la tierra
como si fuera un infierno de fuego.
Un sol más brillante que cincuenta soles.

Ciento cuarenta mil almas
Se diluyeron en el aire.
Veinte calles
fueron reducidas al polvo.

No quedaron muertos que enterrar.
No quedaron  árboles de robustas raíces
más fuertes que la roca y el viento.

No quedaron ecos del canto de los pájaros
que evocaran los inicios del mundo.
No quedaron pájaros que recordaran
las risas inocentes de los niños.

No quedaron ruinosos escombros de templos antiguos,
donde rogar por las víctimas ni llorar los caídos.
En veinte calles la tormenta de fuego todo
lo devoró con odio.

De Hiroshima no quedo nada.
El único monumento que sobrevivió
fue una desoladora nube en forma de hongo.
Y el miedo siniestro que sólo desde entonces conocemos.



                                                                                        Rafael Figueredo Oropeza

jueves, 15 de noviembre de 2012

Sublimando un sueño.


La luna brilla
lejana y ardiente,
cálida y viviente
mímica se detiene.

A cada paso
encantada la mirada,
la noche se desplaza
colgando de una guirnalda.

Imbricada es la tonada
comenzando de nuevo,
suspirando muy suave
es que ahora te detengo.

Los deseos van alegres
mimetizándose de cero,
voy sublimando los sueños
cada vez que te veo.

Viajando muy lento
por un paraje eterno,
infinitos son los versos
de los diarios que te cuento.

Siembran los sureños
modestos cerezos,
y tus besos, contienen
lo que sublima este sueño.

Creo que creo…
Íntimamente lo creo
elijo crear
recrear
mi realidad…

Gladys Yamelicse
 

Espejo


De mis hoyos
avernos
naranja llanto
nostalgia luz
habitaciones nocturna galaxia
guillotina en grito
aguardando escucha
milenaria escuela

          en silencio

me salvé.



Un colibrí me susurró en aleteo
bajé a verme
el grito en arrullo, murmullo de olas
transfiguró el paisaje
en rimas


Una alcoba verde agua explicó mis cuitas.
Dijo:


Soy tus ventanas de cielo
miro una estrella
sonríe al reflejarse en mí


Alzo el vuelo de mi alma
deponer las armas
me río de mi guerra y canto
detono aromas
de saberme eterno




Abrazo mis reinos
universos confines
misterio lúdico
y cambio el mundo.



Nos damos lo que se esparce
al infinito



Mirada azul adentro
playa de atardecer
de contundente ternura


Incorporándome al gran baile
absorta de éxtasis
contemplar la luz
eterna.



te libero
en la música compás
del aire



Soy el sueño
de la hormiga,
visionando juegos



Respondí:
Esto nunca pasó
tal vez disfruto
la armonía de mis ruidos

        tan blancos




Todos somos ángeles.

Textos de Antonio Porchia


Antonio Porchia (13-11-1885/9-11-1968)

Todas las cosas pronuncian nombres.
*
Quien ha visto vaciarse todo, casi sabe de qué se llena todo.
*
Sé que no tienes nada. Por ello te pido todo. Para que tengas todo.
*
A veces hallo tan grande a la miseria, que temo necesitar de ella.
*
El dolor no nos sigue: camina adelante.
*
Un poco de ingenuidad nunca se aparta de mí. Y es ella la que me protege.
*
Dios mío, casi no he creído nunca en ti, pero siempre te he amado.
*
Se vive con la esperanza de llegar a ser un recuerdo.
*
En plena luz no somos ni una sombra.
*
El hombre vive midiendo, y no es medida de nada. Ni de sí mismo. 
*
Quien ama sabiendo por qué ama, no ama. 
*
Un corazón grande se llena con muy poco.
*
Pueden en mí, más que todos  los infinitos, mis tres o cuatro costumbres inocentes.
*
A veces pienso en ganar altura pero no escalando hombres.
*
Había males y había malos. Hoy hay solamente males. Me he liberado de los malos.
*
Ha sido correcto conmigo todo el universo, menos el hombre, mi semejante.
*
Todos pueden matarme, pero no todos pueden herirme.
*
Comencé mi comedia siendo yo su único actor y la termino siendo yo su único espectador.
*
Como sólo me preparo para lo que debiera sucederme, no me hallo preparado para lo que me sucede. Nunca. 
*
Cuando me encuentro con alguna idea que no es de este mundo, siento como si se ensanchara este mundo.
*
Casi no he tocado el barro y soy de barro.
*
Cada vez que me despierto, comprendo que es fácil ser nada.
*
Los que se levantan para levantarse y no para levantar, no comprendo por qué se levantan.
*
Estoy tan poco en mí, que lo que hacen de mí, casi no me interesa.
*
He llegado a un paso de todo. Y aquí me quedo, lejos de todo, un paso.
*
En todas partes mi lado es el izquierdo. Nací de ese lado.
*
Un amigo, una flor, una estrella no son nada, si no pones en ellos un amigo, una flor, una estrella.
*
Eres tú que me hace sentir lo que siento, pero no eres tú lo que siento. Y todo es lo mismo que tú: un hacerme sentir lo que siento. Y ¿qué es lo que siento?
*
Háblame de otras almas, no de tu alma, y así me hablarás de tu alma.
*
Estar en compañía no es estar con alguien, sino estar en alguien.
*
Cuando me hiciste otro, te dejé conmigo.
*
Sabes tanto de mí y no me comprendes. Saber no es comprender. Podríamos saber todo y no comprender nada.
*
Porque crees que me has comprendido, has dejado de comprenderme.
*
Han dejado de engañarte, no de quererte. Y te parece que han dejado de quererte.
*
Sí, me apartaré. Prefiero lamentarme de tu ausencia que de ti.
*
 Quien se queda mucho consigo mismo, se envilece.
*
El sueño que no se alimenta de sueño desaparece.
*
Durmiendo sueño lo que despierto sueño. Y mi soñar es continuo.
*
Mis ojos, por haber sido puentes, son abismos.
*
La estrella y el insecto. Nada más. Para la estrella el insecto y para el insecto la estrella. Y nadie quiere ser el insecto. ¡Qué extraordinario!
*
Si no levantas los ojos, creerás que eres el punto más alto.
*
Cuando las estrellas bajan, ¡qué triste es bajar los ojos para verlas!
*
Las alturas guían, pero en las alturas.
*
Hay caídos que no se levantan para no volver a caer.
*
Un hombre solo es mucho para un hombre solo.
*
Se puede no deber nada devolviendo la luz al sol.
*
Casi siempre es el miedo de ser nosotros lo que nos lleva delante del espejo.
*
Las cadenas que más nos encadenan son las cadenas que hemos roto.
*
Algunos, adelantándose a todos, van ganando el desierto.
*
No ves el río de llanto porque le falta una lágrima tuya.
*
Hallarás la distancia que te separa de ellos, uniéndote a ellos.
*
Situado en alguna nebulosa lejana hago lo que hago, para que el universal equilibrio de que soy parte no pierda el equilibrio. 
*
Y si lo anormal fuese realmente anormal no existiría.
*
Lo que no se convierte en recuerdo no fue. Y tal vez no es. Porque no fue.
*
Creer que moverse es vivir. Y se mueven, no para vivir. Se mueven para creer que viven.
*
Y si es tan veloz el cambiar de las cosas, cuando vemos las cosas no vemos las cosas. Vemos el cambiar de las cosas. 

Poemas de Ida Gramcko


Ida Gramcko
De Sonetos del origen
4
Allí está. Yo lo puse. Es un murmullo
de agua. Nació en mi sangre que es materna.
Porque algo nace si me destituyo
de mi autista entidad. Esa caverna

como una sombra azul ya la diluyo
si desde la emoción trémula y tierna
irradio. Brota entonces un cocuyo,
como chispa de lúcida linterna.

No me ensimismo sino porque fluyo.
De mí no emana una dureza externa.
Hago la vida: un hálito, un arrullo.

Un vacío de bosques me consterna.
Abro el labio: es el canto. Y un capullo
abre parejo a mi canción interna.


5

Esto es ser como el hombre originario.
Ninguna forma tácita se ostenta.
Sólo flota humedad. Algo larvario.
Y en mí germina como un agua lenta

la primeriza forma del estuario.
Mas crece, culminante, se acrecienta,
y un río salta del vocabulario
como fluvial oveja turbulenta.

Y ya cordero móvil, incendiario
transcurre sin vellón. Y ya le intenta
alga y árbol mi pálpito plenario,

este ánimo nutricio, esta opulenta
cadencia maternal, este don diario
que, haciendo tanto, todavía alienta.




6

Siempre un lirismo henchido, un embrionario
Yacer que se prodiga, que fermenta
Lares ajenos a lo rutinario.
Dentro de mí palpita una violenta

Voluntad de creación, un cavernario,
Casi bárbaro hacer, una herramienta
Que forja lirios, un afán agrario,
Una embestida matinal que aventa

Brillos más hondos que el abecedario.
Tras la palabra siéntese una cruenta
Gestación de crisálida, de ovario;

el rostro en vilo se me transparenta
mas quedo tras un vuelco planetario
como una tibia gasa parturienta.




De Los estetas, los mendigos, los héroes.(1958)

Los estetas
3

Lo único que hacemos es aceptar la ráfaga, pero esa aceptación ya mide el ritmo y hasta lo desorienta. Porque somos las víctimas creadoras, una fragilidad que se ensimisma, una ceniza infiel que se retrae, un polvo que, al erguirse, lleva su esclavitud a la proeza.
Quizás cuando el gran soplo nos arrastra, tiene que descartarnos un segundo. Quizás entonces percibe que hay algo que le cansa como un ala más densa. Somos entonces como un aire erguido. Pues lo único que hacemos es comprender que nadie nos pregunta y, sin embargo, dar el cúmulo como si fuera una respuesta.



Los mendigos
1

Escoria azul, mendigo,
tiendes la mano ante el violento muro,
y te dan, como trigo,
misterio en su relámpago maduro.



3

¡Oh, los que fueron fuertes! Los que olvidaron su apariencia inútil y recibieron golpes y mendrugos como primeros signos de un sigiloso boato.
Colmos, costrosos colmos clandestinos.
Grandes gibas trazando como puentes hacia una seda gris que se encamina, que se anuncia a través de lo enjuto y de lo exhaustivo de estos cáñamos.
Exigente, inconforme, ¡haz hincapié! Manten un mundo inédito. Una herida todavía incolora. Tú, la pura entereza en aguijones, escozores, ultrajes, avatares y agravios.


Los héroes
1

El polvo es nuestro fijo patrimonio. Una herida, una edad son las señales de quien resiste a solas, aparte y en un sitio, su abolengo. Y porque estamos dibujados, como un hosco relieve sobre el polvo, éste se  nos olvida… Y ese olvido se imparte, prodigando. Allí un jardín, allí los pétalos que se abren y que sólo sostienen un polvo que se estrella.
Y porque reflejamos lo legado, pero en medalla mesurada y pulcra, el polvo se revela y se retrata, curtiendo ese semblante que lo bruñe, con el cambio, la duda y la experiencia.



Poemas de una psicótica (1964)
Plegaria

No te puedo nombrar. No tienes nombre. Eres lo que se siente. Nunca lo que se explica. ¡Oh mi absoluto Amado, a quien descubro ahora sin que ninguna forma lo limite! Perdóname la antigua reflexión.
No eres lo que se piensa. Eres lo que se ama. No eres conocimiento sino sólo estupor. No eres el perfil sino el asombro. No eres la piedra sino lo inaudito. No eres la razón sino el amor.
De la mano del Ángel yo he ascendido  a tu hallazgo que nunca es un concreto tesoro sino continuamente un descubrimiento inenarrable. El Ángel, a mi lado, sintió también intensa, más intensa que nunca, más intensa que con algo o con alguien, esa visión de inmensidad. Como con nadie, no porque cada caso es singular, sino porque aquel acto fue más hondo que todos los suyos, como si recibiéramos de pronto  un advenimiento de infinito.
I es inútil pensar en encarnarte. Eres lo que nunca se puede encarnar ni nombrar porque sólo nos juntas las manos y nos haces doblar las rodillas.
Déjame sentirte, ¡oh infinitud, oh zona inmensa, dimensión sobrehumana, oh mi Dios, siempre con la piel deslumbrada tanto que el cuerpo se me vuelva luz! Déjame estupefacta, arrebatada, y déjame que vibre para siempre con la palpitación mía e íntima.
Quisiera ser aquella que permanece, atónita, ante ti. La que  no sabe de tu nombre, la que no sabe de tu forma, una ignorante estremecida. I que así sea.

Carta de Ramos Sucre a su hermano Lorenzo


Carta de José Antonio Ramos Sucre a Lorenzo Ramos.
Septiembre 1924
La vida es como uno la piensa; luego si uno la piensa mala, se vuelve loco de desesperación. Cuida mucho tu salud; no contraigas enfermedades. Apruebo que escribas. Para ello escribirás todos los días un pensamiento que sea la consecuencia lógica del que hayas estampado el día anterior. Escribe siempre a la misma hora. Redacta con la mayor simplicidad y con el menor número de palabras. No intentes redactar sin saber muy bien lo que quieres decir. No imites nunca lo que otro haya dicho, porque cada hombre es un mundo aparte, y además cada hombre tiene dentro del espíritu una mina en la cual siempre halla lo que necesita. Óyete a ti mismo. Lee a Baralt, Ricardo León, Pardo Bazán, Cervantes, Mariana. Sobre todo lee muy bien a Baralt como si fuera un libro de oraciones. Con esos autores aprenderás a manejar castellano. Consulta constantemente el diccionario. Uno siente cuál es el adjetivo que debe aplicar al sustantivo, y ése es el que debe aplicar. Pon adjetivos originales, propios de ti, que sean la opinión tuya sobre lo que pienses o veas. Para ser original, te basta escucharte a ti mismo, evitando copiar. Pero no olvides que primero está la belleza que la originalidad. Otra cosa, sé muy moderado al escribir, no incurras nunca en exageración, en desproporción. Familiarízate mucho con Baralt, léele todos los días. Cada vez que leas un libro, escribe tus impresiones, en un estilo sencillo, con el menor número de palabras, y con lógica, deduciendo cada pensamiento del anterior.
Es necesario que ahondes la carrera que tienes, ocúpate de finanzas, de economía política, de bancos, y escribe sobre eso. No digas nunca así fue que, sino así fue como; allí fue que, sino allí fue donde; entonces fue que, sino entonces fue cuando; por esto es que, sino por esto es por lo que; tan es así, sino tanto es así.
Escribir es cosa de mucha paciencia, y no debe omitirse un día. Se escribe todos los días, sin excepción. Para escribir bien es necesario saber de memoria el mayor número de palabras y de frases castizas.
Te repito que debes escoger un escritor  como maestro, yo te recomiendo a Baralt y a Ricardo León. Más al primero.
Contesto tu carta de memoria, pues no sé dónde la he puesto. Dile a (…) que las personas que lo han tratado lo tienen por demasiado irritable y lamentador, es decir, practica los dos defectos que han matado a Juan  Miguel Alarcón. Dile que la irritación y la lamentación se pierden con la gimnasia. Me dicen que come demasiado. Para comer demasiado se necesita hacer mucho ejercicio. Pero la gula está condenada siempre, porque trae artritismo.
Creo que no tengo otra cosa que decirte.
Te abraza
José Antonio

Poemas de Jorge Luis Borges


JORGE LUIS BORGES.
Ajedrez
I
En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.

En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.
Como el otro, este juego es infinito.


II

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.

No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.

También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y de blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?

Textos de José Antonio Ramos Sucre


JOSÉ ANTONIO RAMOS SUCRE
EL EMIGRADO
Quedé solo con mi hijo cuando la plaga mortífera hubo devastado la capital del reino venido a menos. Él no había pasado de la infancia y me ocupaba el día y la noche.
Yo concebí y ejecuté el proyecto de avecindarme en otra ciudad, más internada y en salvo. Tomé al niño en brazos y atravesé la sabana inficionada por los efluvios de la marisma.
Debía pasar un pequeño río. Me vi forzado a disputar el vado a un hombre de estatura aventajada, cabellos rojos y dientes largos. Su faz declaraba la desesperación.
Yo lo compadecí a pesar de su actitud impertinente y de su discurso injurioso.
Pude alojarme en una casa deshabitada largo tiempo y acomodé al niño en una cámara de tapices y alfombras. Él padecía una fiebre lenta y delirios manifestados en gritos.
El mismo hombre importuno vino a ofrecerme, después de una noche de angustia, el remedio de mi hijo. Lo ofrecía a un precio exorbitante, burlándose interiormente de mis recursos exiguos. Me vi en el caso de despedirlo y de maldecirlo.
Pasé ese día y el siguiente sin socorro alguno.
Yo velaba cerca del alba, en la noche hostil, cuando sentí, en la puerta de la calle, una serie de aldabonazos vehementes.
Me asomé por la ventana y sólo vi la calle anegada en sombras.
Mi hijo moría en aquel momento.
El hombre de carácter cetrino había sido el autor del ruido.


(Del libro Las formas del fuego)


EL CASTIGO

El visionario me enseñaba la numeración valiéndose de un árbol de hojas incalculables. Pasó a iniciarme en las figuras y volúmenes señalándome el ejemplo del cristal y la proporción guardada entre las piezas de una flor. Descubría en el cuerpo más oscuro un átomo de la luz insinuante.
El visionario desaparecía al caer la tarde en un esquife de cabida superficial. Creaba la ilusión de zozobrar en una lejanía ambigua, en medio de un tumulto de olas. Yo miraba flotar las reliquias de su veste y de su corona de ciprés.
Volvía el día siguiente a escondidas de mí, usando el mismo vestido solemne de un sacerdote hebreo, conforme el ritual de Moisés.
Comentaba en ese momento el pasaje de un rollo de pergamino, escrito sin vocales. La portada mostraba la imagen del licaón, el lobo del África. Terminaba citando el nombre de los profetas vengativos y soltaba a la faz de la mañana un himno grandioso donde se agotaba el torrente de su voz.
 Dejé de verlo cuando se puso al habla temerariamente, a través del espacio libre, con un astro magnético.
La rotonda, en donde se había acogido, vino súbitamente al suelo, rodeada de llamas soberbias.


(Del libro Las formas del fuego)



EL VIAJE EN TRINEO

El cobre y la plata yacían sepultados en una zona estéril, en donde los vegetales alcanzaban una arborescencia mezquina. El abedul enano y el liquen no conseguían alegrar la vista.
Un río continental permanecía más de la mitad del año paralizado por los hielos. Algunos barcos informes, de arte rudimentario, se deshacían en medio del clima estricto. Los autores de su fábrica juntaban las piezas por medio de sogas de cáñamo, sin el auxilio del hierro. Aquellos  barcos navegaban pesadamente balanzando sus tres mástiles en el aire lívido.
Hombres apáticos, vestidos de piel de reno, moraban en la desembocadura del río. Unas aves de pico sórdido despedazaban en su presencia el cadáver de una ballena polar.
Aquellos hombres desaseados morían de roña y de escorbuto. No acostumbraban el uso de la sal y consumían el pescado sin despojarlo de sus vísceras.
Yo había arribado a aquel paraje cumpliendo un encargo del gobierno británico. Debía espiar la actividad de los agentes moscovitas, obstinados de nuestra pérdida. Había adoptado laboriosamente las costumbres y el lenguaje de aquellas naciones incultas y nadie me habría distinguido entre los mongoles de tez de azafrán.
Advertí inmediatamente la ineptitud de nuestros enemigos. No habían descubierto el modo de aplicar a la industria del armamento los metales atesorados en el suelo.
Algunos jinetes del Cáucaso habían penetrado en el territorio de una tribu desprevenida e inocente, sujeta a la autoridad incierta del emperador de China y desidiosa en pagarle el tributo de cuarenta pellizas de zorro blanco. Se decía devota de los espíritus infernales refugiados en una montaña de arena.
Yo persuadí la tribu en contra de los invasores prodigando el dinero y el aguardiente. Junté una muchedumbre  armada de picas y bastones y la conduje al asalto de un pequeño reducto de madera en donde se guarecía el enemigo. El zar descuidó el agravio inferido a sus servidores y los incorporó a su guardia de honor.
Procuré aumentar mis conocimientos en ciencias naturales cuando me convencí de la incapacidad de nuestros émulos en el dominio del Asia. Me encaminé a un sitio famoso por el hallazgo de animales prediluvianos. Trabé en esa ocasión alguna amistad con un naturalista ruso, nacido en el litoral del Báltico y educado en Riga.
Juntaba a su preparación universitaria la credulidad y la superstición de un pope. Se embriagaba copiosamente para festejar el domingo y rodaba por el suelo dejando oír un hipo fatigante. Ingería habitualmente un pan negro, ácido, aromatizado de anís y de comino y salpicado de una salsa cáustica.
Se dio cuenta, no obstante, de la razón de mi viaje por aquel desierto y podía frustrar mi labor esforzada.
Había despertado mis celos previniéndome en el descubrimiento de una nueva casta de cedros de Siberia.
Conseguí envenenarlo en el curso de su embriaguez, dándole a comer de la carne de un mamut fósil.

(Del libro Las formas del fuego)