Antonio Porchia (13-11-1885/9-11-1968)
Todas las cosas pronuncian nombres.
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Quien ha
visto vaciarse todo, casi sabe de qué se llena todo.
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Sé que no
tienes nada. Por ello te pido todo. Para que tengas todo.
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A veces
hallo tan grande a la miseria, que temo necesitar de ella.
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El dolor no
nos sigue: camina adelante.
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Un poco de
ingenuidad nunca se aparta de mí. Y es ella la que me protege.
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Dios mío,
casi no he creído nunca en ti, pero siempre te he amado.
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Se vive con
la esperanza de llegar a ser un recuerdo.
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En plena luz no somos ni una sombra.
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El hombre vive midiendo, y no es medida de nada. Ni de sí
mismo.
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Quien ama sabiendo por qué ama, no ama.
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Un
corazón grande se llena con muy poco.
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Pueden en
mí, más que todos los infinitos, mis tres
o cuatro costumbres inocentes.
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A veces pienso en ganar altura pero no escalando
hombres.
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Había
males y había malos. Hoy hay solamente males. Me he liberado de los malos.
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Ha
sido correcto conmigo todo el universo, menos el hombre, mi semejante.
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Todos
pueden matarme, pero no todos pueden herirme.
*
Comencé mi comedia siendo yo
su único actor y la termino siendo yo su único espectador.
*
Como sólo me preparo para lo que debiera sucederme,
no me hallo preparado para lo que me sucede. Nunca.
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Cuando me
encuentro con alguna idea que no es de este mundo, siento como si se ensanchara
este mundo.
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Casi no he
tocado el barro y soy de barro.
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Cada vez que
me despierto, comprendo que es fácil ser nada.
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Los que se
levantan para levantarse y no para levantar, no comprendo por qué se levantan.
*
Estoy tan
poco en mí, que lo que hacen de mí, casi no me interesa.
*
He llegado a
un paso de todo. Y aquí me quedo, lejos de todo, un paso.
*
En todas
partes mi lado es el izquierdo. Nací de ese lado.
*
Un amigo,
una flor, una estrella no son nada, si no pones en ellos un amigo, una flor,
una estrella.
*
Eres tú que
me hace sentir lo que siento, pero no eres tú lo que siento. Y todo es lo mismo
que tú: un hacerme sentir lo que siento. Y ¿qué es lo que siento?
*
Háblame de
otras almas, no de tu alma, y así me hablarás de tu alma.
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Estar en
compañía no es estar con alguien, sino estar en alguien.
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Cuando me
hiciste otro, te dejé conmigo.
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Sabes tanto
de mí y no me comprendes. Saber no es comprender. Podríamos saber todo y no
comprender nada.
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Porque crees que me has comprendido,
has dejado de comprenderme.
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Han dejado
de engañarte, no de quererte. Y te parece que han dejado de quererte.
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Sí, me
apartaré. Prefiero lamentarme de tu ausencia que de ti.
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Quien se queda mucho consigo mismo, se
envilece.
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El sueño que
no se alimenta de sueño desaparece.
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Durmiendo
sueño lo que despierto sueño. Y mi soñar es continuo.
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Mis ojos,
por haber sido puentes, son abismos.
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La estrella
y el insecto. Nada más. Para la estrella el insecto y para el insecto la
estrella. Y nadie quiere ser el insecto. ¡Qué extraordinario!
*
Si no
levantas los ojos, creerás que eres el punto más alto.
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Cuando las
estrellas bajan, ¡qué triste es bajar los ojos para verlas!
*
Las alturas
guían, pero en las alturas.
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Hay caídos
que no se levantan para no volver a caer.
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Un hombre
solo es mucho para un hombre solo.
*
Se puede no
deber nada devolviendo la luz al sol.
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Casi siempre
es el miedo de ser nosotros lo que nos lleva delante del espejo.
*
Las cadenas
que más nos encadenan son las cadenas que hemos roto.
*
Algunos,
adelantándose a todos, van ganando el desierto.
*
No ves el
río de llanto porque le falta una lágrima tuya.
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Hallarás la distancia que te separa de ellos, uniéndote
a ellos.
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Situado en alguna nebulosa lejana hago lo que hago,
para que el universal equilibrio de que soy parte no pierda el
equilibrio.
*
Y si lo anormal fuese realmente
anormal no existiría.
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Lo que no se convierte en recuerdo no
fue. Y tal vez no es. Porque no fue.
*
Creer que moverse es vivir. Y se
mueven, no para vivir. Se mueven para creer que viven.
*
Y si es tan veloz el cambiar de las cosas, cuando
vemos las cosas no vemos las cosas. Vemos el cambiar de las cosas.
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