Ida Gramcko. Poemas. El mismo yo mas caracol. Ediciones
Aguilar. Madrid. 1955.
1
Recuérdate, palabra,
como eres, como estás, pulcra y redonda,
no el agua, mas en agua y tras el agua
y con el agua sin más pie ni alfombra.
2
Para construir la sola cosa pura
hay que ser ella y resistir en ella.
Estar a solas con su espera oscura…
¡Los cinco picos duelen de la estrella!
Gestándola, y no sólo en la cintura,
mas vientre y voluntad no hagan querella
que si aquel dice: lego su criatura
aquella le responde: si destella
que no basta el dolor si no procura
algo distinto a su cantada huella.
3
Estar afuera es como estar adentro
de inagotable intimidad creadora.
No es perder cuerpo, es descubrir un centro
mayor que lo interior que nos demora.
Estar afuera, a pleno sol, al viento…
La noche ya no es más la mediadora,
Pues nos une a través de un mandamiento
de sombra impuesta que se ve o se ignora.
Escogida es la unión desde lo intenso.
Vivo nivel estalla con la aurora
y enlaza lo profundo con lo inmenso,
pues cada ser deviene lo que añora.
Y queda un solo ser, un gran suspenso,
mas el hombre lo sabe y lo atesora.
Harry Almela. Cantigas. Fundarte. 1990.
1
Sólo tú tienes llave
de mi casa. Ven a la Patria.
Allí verás la colina, el agua
que me viene de lejos,
el olor que te asombra y embriaga.
Celebro el rumor que me enseñas.
Yo, la aprendiza, te merezco.
2
En el cáliz, bajo el perfume
del tomillo, invoco tu nombre.
¿Qué has hecho, amado,
sin mi boca? Deseo para ti
lo mejor del silencio, sólo
un llanto fugaz, cierta alquimia
de la distancia.
Cuando regreses
no volveré a hablar a solas
mientras miro la Luna.
3
Esta luz es la mentira. ¿A
quién abrasa el sol si
hay distancia?
No hay árbol para esta golondrina,
ni banquete en las fiestas.
Voy a cerrar los ojos para
que no desaparezcas.
4
Hoy debo ser tu esclava,
la morena de rostro velado.
Trova a la blanca soledad de
los conejos. A la leche y miel
que hay bajo mi lengua.
Canta, Rey de Reyes.
¡Ay, tu cítara que
enamora de lejos!
5
La piel es inútil
sino habla el idioma
del ardor, del agua. Enséñame
el verbo, hurga mi silencio,
llévame al grito.
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