miércoles, 21 de noviembre de 2012

Hiroshima



                                                                            “Now i´m become death,
                                                                              the destroyer of worlds”
                                                                                        R. Oppenheimer
                                  

Parecía que el mundo
se detenía mientras caía del cielo.

Ojos curiosos
alzaban la vista  y contemplaban ingenuos.
                                                                 
Esperando

- tal como nosotros nos cansamos de esperar-

Un manifiesto.
Una respuesta.
Un significado.
Una revelación.

¿Era una joya acaso
  que les enviaba la amada diosa del cielo?

No.



¿Era un lucero acaso
que bajaba a la isla;
un nuevo sol naciente?

No estaban tan lejos de la verdad.
El silencio no duró mucho más tiempo.

El sol estalló en la tierra
como si fuera un infierno de fuego.
Un sol más brillante que cincuenta soles.

Ciento cuarenta mil almas
Se diluyeron en el aire.
Veinte calles
fueron reducidas al polvo.

No quedaron muertos que enterrar.
No quedaron  árboles de robustas raíces
más fuertes que la roca y el viento.

No quedaron ecos del canto de los pájaros
que evocaran los inicios del mundo.
No quedaron pájaros que recordaran
las risas inocentes de los niños.

No quedaron ruinosos escombros de templos antiguos,
donde rogar por las víctimas ni llorar los caídos.
En veinte calles la tormenta de fuego todo
lo devoró con odio.

De Hiroshima no quedo nada.
El único monumento que sobrevivió
fue una desoladora nube en forma de hongo.
Y el miedo siniestro que sólo desde entonces conocemos.



                                                                                        Rafael Figueredo Oropeza

2 comentarios:

  1. Cuando leíste este poema en el taller, se te hizo el comentario de que por momentos tenia aires de crónica. Pero viéndolo escrito, sin la pasión de tu lectura, me parece totalmente poético. Creo que el aire de denuncia lo imprimen tus sentimientos cuando lo lees en voz alta

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  2. Excelente poema... Muy bueno, una denuncia inteligentemente confeccionada.

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